Saturday, February 27, 2016

Al otro lado del silencio



Por una noche, quizás, podrías olvidar que se trata de un error.

Entonces dejarás las llaves en tu bolsillo y te olvidarás de volver a casa. Cogerás el volante de tu coche y tomarás la primera carretera lejos de tu ciudad. Pararás en la primera estación y pedirás llenar el depósito. Te dejarás la cartera en alguna parte del mostrador cuando el chico del manojo de manos con uñas ennegrecidas culmine la alquimia cliente versus sombra inexistente.

Mirarás el cuenta kilómetros y trazarás una ruta que te lleve al lugar al otro lado de las tres últimas cifras. De preferencia, escogerás el sur y el oeste. Se tratará de mero instinto e ignorarás preguntarte el por qué mientras seleccionas una cassette olvidada en tu guantera.

Tomarás la carretera secundaria de preferencia sobre las autovías o carreteras principales. Tomarás cada curva invadiendo el carril de sentido contrario si fuera necesario.

Abrirás la ventanilla del lado del copiloto y encenderás un cigarrillo aunque sabes que no te gusta. Evitarás no cantar la melodía de la canción que aleatoriamente has elegido y olvidarás que el guitarrista es siempre el héroe en la historia.

Te olvidarás de tu nombre, de tu lugar de nacimiento y de tu trabajo.

Y sobre todo, te olvidarás de mí para siempre. No pensarás jamás en las miradas, en los gestos, en la manera en que mi alma rozó tus labios y en el latido de mi corazón bajo tu rostro en la noche. Eliminarás todas mis fotos de tu ordenador y mandarás al vacío informático las cifras de mi número de teléfono en tu agenda.

Te olvidarás del nosotros mientras adoptas el nuevo yo con un vigor que no recordabas. Te asegurarás de atraer la atención de las aves de carroña para que terminen con el aperitivo de mi cadáver y de que cambien su dieta por la de las migas de pan con las que se marca todo camino.

No volverás.

No llorarás.

No sentirás.

Vivirás al otro lado de esa carretera hacia el cielo de un mañana desprovisto de las nubes de un amor evaporado al otro lado del silencio

Friday, February 5, 2016

Latidos noctámbulos



En aquella casa, al fondo, en el número 13 podrás encontrar un letrero que dice:

El día de ayer, más la suma de los minutos anteriores nunca superarán el peso del hoy

Sufres para llegar a aquel punto de aquella calle en los suburbios de la ciudad de cal, sin sombras desde un kilómetro atrás. Parece mentira que fuera hoy cuando saliste de tu casa buscando la mía.

Pero no tengas miedo, ya queda poco. Para mí en todo caso. Entra. Estás en tu casa, ya no es la mía.

Disculpa por el desorden. Empuja la puerta del salón y siéntate en ese sofá. No te preocupes, nadie te puede ver ahí, puedes esconderte en esta casa como lo hicieron todos los que antes estuvieron en ella.

¿Quieres algo de beber? Espera, no hace falta que te levantes, ya te llevo algo de mí. Toma, muerde aquí. Sabe como sangre pero es más ácido de lo que suele beber la gente. ¿Te gusta? Ahora te traigo más, hay algunos litros más. Confío que no te desagrade que se haya pasado la fecha de caducidad de mi producto estrella. Se fue la luz y el frigorífico es tan inútil como el sol que se queda enganchado en los alambres del alba.

Cuentan que una vez la luna y el sol se perseguían por las laderas de las montañas y disfrutaban mostrando su espectáculo a todo el que quisiera verlo. Desde aquí, ya no te será posible vislumbrarlo. La luna dejó su sombra en el tejado, cubriendo con ella el lecho de estrellas que durante largo tiempo lloraron y gritaron hasta que no tuvieron más aire con el que respirar su luz y se fundieron con la caída de la escarcha invernal. Sus escamas aún brillan en su interior, buscando un agujero por donde vivir.

Sí, esa música es mi única compañía, espero que no te moleste ese tempo tan solemne que suavemente hace vibrar las paredes. No te preocupes, ya casi he acabado. Aquí podrás construir lo que quieras en cuanto me haya marchado. Puedes demoler la casa si quieres, o decorarla a tu antojo. 

Si pudiera pedirte un favor, te lo agradecería de veras. Se trata del color: intenta no dejarte llevar por esta conversación ni por los vestigios de mi identidad que de mí queden en tu memoria. Trata de dar color a estos muros donde yo descargué mi negra melancolía. Esparce pintura en los suelos donde yo vomité mis tristes sueños en las noches de Sabbat. Abre las ventanas y que el aire pueda al fin dar alas al hasta nunca jamás que tanto se ha hecho de rogar.

Ven a la cocina y abre la nevera. Encontrarás mi corazón en la parte central, envuelto en papel transparente. Cuando al fin lo tengas en tus manos, sigue la escalera hacia el dormitorio y ven aquí conmigo. Te estaré esperando.

Quiero que te lo comas todo y que tardes el tiempo que quieras. Mientras lo haces quiero que mires a mis ojos y veas por última vez lo que yo vi. Toca mi alma por última vez y no llores cuando me veas partir. Recuérdame un poco más bello, un poco más cálido y decididamente más fuerte que el amasijo de huesos vacíos que verás por última vez ante ti.

Adios.